En el marco de las entrevistas a egresados de la Facultad de Derecho de la Universidad del Istmo, conversamos con Gabriel Bran, abogado con una trayectoria que combina la práctica en firmas legales y la experiencia en el ámbito empresarial. La conversación fluye con naturalidad, entre recuerdos de la etapa universitaria y reflexiones más maduras sobre el ejercicio profesional, dejando ver una idea constante: el Derecho no solo se estudia, también se vive.
Un vínculo que permanece en el tiempo
—Gabriel, para comenzar, nos gustaría conocerte un poco más. ¿Podrías contarnos sobre tu trayectoria y a qué te dedicas actualmente?
—Claro, muchas gracias a ustedes por la invitación. Siempre es un gusto poder colaborar con la Universidad del Istmo, especialmente con la Facultad de Derecho, que al final es mi alma mater.
A lo largo de los años he tratado de mantenerme cercano a la universidad. He participado en algunas actividades, en exposiciones, en evaluaciones de exámenes privados, y procuro mantener contacto con la facultad. Es una relación que, al menos en mi caso, no terminó con la graduación.
En cuanto a mi trayectoria, me gradué en 2015 y ese mismo año tuve la oportunidad de hacer una maestría en Derecho Internacional de los Negocios en Barcelona. Fue una experiencia muy valiosa, no solo en lo académico, sino también en lo personal.
Regresé a Guatemala a finales de 2016 y comencé a trabajar en firmas legales. Estuve varios años en Carrillo & Asociados y luego en BLP. Después de esa etapa, decidí dar el paso hacia el ámbito empresarial, donde me he desempeñado durante los últimos años.
Y ya en lo personal, algo más sencillo: me gusta correr. Es una forma de mantener equilibrio fuera del trabajo.
Una decisión que nació temprano
—Entrando un poco más en tu historia, ¿Qué te motivó a estudiar Derecho?
—La verdad es que fue una decisión bastante temprana. Desde joven tenía claro que quería estudiar Derecho. Incluso recuerdo que en el colegio, cuando hacíamos pruebas vocacionales, ya tenía definida esa inclinación.
Creo que hay varios factores. Por un lado, tenía un familiar que es juez, lo cual probablemente influyó en cierta medida. Pero más allá de eso, había algo más personal: siempre tuve una cierta idea de justicia, de hacer las cosas correctamente.
Con el tiempo entendí que el Derecho era una forma de canalizar eso. No solo como un interés teórico, sino como una forma concreta de ejercer esos valores en la práctica.
Si no hubiera estudiado Derecho, probablemente habría considerado psicología. Es un área que también me llamaba la atención, pero nunca con la misma fuerza.
Elegir dónde formarse
—¿Por qué decidiste estudiar en la Universidad del Istmo?
—Fue una decisión bastante analizada. Durante ese proceso hice exámenes de admisión en varias universidades: la Universidad de San Carlos, la Francisco Marroquín, la Rafael Landívar y la Universidad del Istmo.
Al final, lo que más peso tuvo fue el pensum. Me pareció el más completo. No solo por la cantidad de cursos, sino por la forma en que estaban estructurados.
También valoré mucho la calidad del cuerpo docente. Sabía que muchos profesores tenían experiencia práctica relevante y que eso podía enriquecer bastante la formación.
Y otro factor importante fue el enfoque de la universidad. Me identifiqué con los valores que promueve y con la idea de una formación que no es solo técnica, sino también humana.
Una formación integral
—¿Qué opinión tienes sobre la formación académica que ofrece la universidad?
—Considero que es una formación muy completa. Y cuando digo completa, me refiero a que realmente cubre tanto el Derecho Público como el Derecho Privado de una manera equilibrada.
Eso es importante porque no todas las universidades logran ese balance. Algunas tienen más énfasis en un área que en otra. En cambio, aquí tienes la oportunidad de ver ambas con profundidad.
Y no es solo amplitud, también es profundidad. Los cursos no se ven de forma superficial, sino que te permiten entender bien cada materia.
Eso te da herramientas para que, más adelante, puedas decidir con criterio hacia dónde quieres orientar tu carrera.
Lo que distingue a un egresado
—Desde tu experiencia, ¿Qué diferencia a un abogado de la Universidad del Istmo?
—Diría que hay dos elementos principales.
El primero es la solidez académica. Sales con una base bastante fuerte en distintas áreas del Derecho.
Y el segundo, que para mí es incluso más importante, es la formación ética. A lo largo de la carrera hay un énfasis constante en principios y valores.
Eso influye directamente en cómo decides ejercer la profesión. No se trata solo de saber Derecho, sino de cómo lo aplicas.
Las clases que marcan el camino
—¿Hubo alguna clase que te haya gustado especialmente?
—Sí, varias, aunque como en toda carrera, también hay algunas que cuestan más.
Pero si tuviera que destacar, mencionaría Derecho Bancario, que llevé en los últimos años. Me pareció muy interesante, y también influyó mucho el profesor.
Y por otro lado, todo el bloque de Derecho Mercantil, especialmente Sociedades Mercantiles. Esa materia es clave para el ámbito corporativo.
Te da una base muy sólida para entender cómo funcionan las empresas y muchas de las situaciones que después ves en la práctica.
Encontrar una especialización
—¿Cómo llegaste al área corporativa?
—Fue un proceso bastante natural. Desde la universidad empecé a interesarme por las materias mercantiles.
Luego, cuando empecé a trabajar, busqué oportunidades en esa área. Al regresar de la maestría, me integré a Carrillo & Asociados en el departamento corporativo, y eso terminó de consolidar ese camino.
Es como una especie de “bola de nieve”: empiezas en un área, vas adquiriendo experiencia, y eso te va llevando cada vez más hacia esa especialización.
Las oportunidades que realmente importan
—¿Cuál fue la mejor oportunidad que aprovechaste como estudiante?
—Diría que la calidad de los profesores.
Puede sonar simple, pero realmente hace la diferencia. Tuve la oportunidad de aprender de profesionales muy preparados, con mucha experiencia.
Eso no solo aporta conocimiento, sino también referentes. Ves cómo piensan, cómo trabajan, cómo analizan los casos.
Y al final, eso influye mucho en cómo uno se forma.
Pero también hay algo importante: el aprendizaje depende del estudiante. El que quiere aprender, aprovecha esas oportunidades.
Tomarse la carrera en serio
—¿Qué consejo le darías a los estudiantes de Derecho?
—Tomarse la carrera en serio.
A veces uno piensa que cinco años es mucho tiempo, pero pasan rápido. Y cuando te das cuenta, ya estás en el ejercicio profesional.
Tomársela en serio implica participar, preguntar, involucrarse. El Derecho no es algo cerrado; está en constante cambio.
También recomendaría aprovechar todo lo que está fuera del aula: actividades, competencias, espacios donde puedes desarrollar otras habilidades.
Más allá del lugar donde se ejerce
—¿Qué se necesita para llegar a los bufetes más importantes?
—Lo primero es entender que ser un buen abogado no depende únicamente de estar en un gran bufete.
Hay excelentes profesionales en muchos ámbitos: en el sector público, en empresas, en la práctica independiente.
Pero si tuviera que señalar algunos elementos clave, diría:
Primero, una base ética sólida.
Segundo, aprender de otros profesionales durante la carrera.
Y tercero, tener el compromiso de representar bien a la universidad y a la profesión.
El panorama del Derecho corporativo
—Desde tu experiencia, ¿Cómo ves el Derecho Corporativo en Guatemala?
—Es un campo bastante amplio. Incluye desde sociedades hasta temas más complejos vinculados a otras áreas.
Por ejemplo, la Ley de Competencia ha sido un avance importante. Guatemala era de los últimos países de la región en tener una regulación de este tipo.
Y en general, el Derecho Corporativo se complementa con otras áreas como el derecho civil, bancario o propiedad intelectual, lo que lo hace bastante dinámico.
El verdadero sentido del ejercicio profesional
—Para cerrar, ¿Cuál consideras que ha sido tu mayor logro?
—Es una pregunta interesante, porque uno podría pensar en logros concretos: transacciones, negociaciones, casos importantes.
Pero honestamente, lo veo de otra forma.
Creo que mi mayor logro ha sido ejercer la profesión de manera íntegra. Mantenerme fiel a mis principios, tanto en cosas pequeñas como en situaciones más complejas.
Al final, trabajar con honestidad, transparencia y sentido de justicia es lo que realmente le da valor a lo que uno hace.
La conversación termina sin necesidad de conclusiones forzadas. Más que respuestas definitivas, queda una idea clara: el Derecho no se reduce a conocimientos técnicos, sino que se construye día a día en la forma en que cada profesional decide ejercerlo.
—Muchas gracias, Gabriel.
—Gracias a ustedes. Espero que algo de esto les sirva en su camino.