En el mundo del Derecho, la participación femenina ha aumentado de forma notable en las últimas décadas. Cada vez más mujeres deciden estudiar esta carrera, sin embargo, los desafíos de género y los estereotipos aún se hacen presentes en el ejercicio profesional. Para reflexionar sobre este tema, la abogada Alba Gómez compartió con nuestra revista universitaria su experiencia personal y profesional, así como su visión del futuro del papel de la mujer en el ámbito jurídico guatemalteco.
Desde muy joven, Alba tuvo claro que el Derecho sería una herramienta para impactar positivamente en la vida de las personas. Tras desempeñarse en bufetes y en el sector bancario, actualmente ejerce de manera independiente. En palabras suyas: “Siempre me ha gustado que lo que yo haga tenga un impacto para ayudar a la gente, y creo que esta carrera es una herramienta bastante útil para eso”.
Su inspiración principal fue su madre, periodista, quien desde pequeña le inculcó conciencia sobre las desigualdades sociales y de género. Aunque no era abogada, su ejemplo motivó a Alba a buscar en el Derecho un camino para comprender y actuar en defensa de los derechos humanos.
El Derecho en Guatemala sigue siendo un espacio marcado por la presencia masculina, sobre todo en puestos de liderazgo. Alba señala que todavía es común encontrar pocas socias en las grandes firmas y que las que lo han logrado han tenido que invertir décadas de esfuerzo y constancia.
No obstante, resalta un cambio alentador: “Actualmente creo que se gradúan más mujeres que hombres, lo que significa que poco a poco vamos emparejando o incluso superando la presencia masculina en la profesión”.
Aunque en papel existan oportunidades abiertas para hombres y mujeres, la realidad es distinta. Alba lo explica con claridad: “En muchas entrevistas de trabajo a las mujeres se nos hacen preguntas irrelevantes sobre nuestra vida personal: si pensamos casarnos, tener hijos o si tenemos pareja. A los hombres rara vez se les cuestiona de esa manera”.
Este tipo de prácticas muestran que la igualdad no depende solo de abrir plazas, sino de garantizar un trato justo y un reconocimiento basado en capacidades, no en estereotipos. Además, existe una “doble vara” en la valoración de liderazgos: a un hombre se le considera buen jefe por ser firme, mientras que una mujer en la misma actitud puede ser vista como “mandona” o “volátil”.
La abogada también compartió que uno de los mayores retos fue enfrentar críticas por su carácter serio, ya que socialmente se espera que las mujeres sean “dulces, sonrientes y accesibles”. Aunque en un inicio esto se le presentó como una desventaja, terminó convirtiéndose en una fortaleza que le abrió oportunidades en reuniones con altos ejecutivos del sector bancario, pues proyectaba profesionalismo y seguridad.
Otro reto recurrente para muchas mujeres es la maternidad, vista a menudo como un obstáculo en la carrera profesional. Según Alba, la cultura conservadora del país todavía asocia el desarrollo profesional de la mujer con un dilema frente a la vida familiar.
Entre sus experiencias más significativas, Alba recuerda con orgullo el haber sido considerada, siendo joven y mujer, para formar parte del grupo de notarios de un banco. “Fue un reconocimiento a mi capacidad y una oportunidad que me abrió puertas. Pude aportar una visión más dinámica y cercana al equipo, lo que generó un mejor ambiente laboral”.
También destaca como logro cada ocasión en la que logra orientar a alguien que necesita ayuda legal y que, por confianza, se acerca más fácilmente a una abogada mujer. Para ella, ese contacto cercano es un impacto pequeño pero profundo.
El deseo de Alba es claro: ver a más mujeres ocupando puestos importantes tanto en firmas privadas como en espacios políticos y académicos. La visibilidad femenina en estos roles es clave para inspirar a las nuevas generaciones. “Es necesario que existan referentes femeninos que inspiren a otras a decir: yo quiero ser como ella”, señala.
Además, considera fundamental que las abogadas compartan experiencias y orienten a estudiantes y jóvenes profesionales. Ella misma, como auxiliar de cátedra, ha tenido la oportunidad de guiar a futuros abogados, transmitiendo que la presencia de mujeres en el Derecho no solo es posible, sino necesaria.
Su mensaje final es de ánimo para las estudiantes que sienten la vocación por el Derecho: “Si sienten en su corazón el deseo de estudiar esta carrera, háganlo. Es exigente, pero también muy enriquecedora. Se necesitan más mujeres profesionales que hagan un impacto, que demuestren que pueden y que dejen huella”.
El testimonio de la abogada Alba Gómez nos recuerda que el Derecho no es solo una profesión técnica, sino también un escenario de transformación social. Las mujeres que eligen este camino enfrentan desafíos, pero también poseen la capacidad de abrir puertas y construir referentes para quienes vienen detrás.
Su experiencia confirma que la igualdad real aún es un reto pendiente, pero también que cada mujer que asume el desafío de ejercer Derecho en Guatemala contribuye a cambiar la historia de la justicia y a darle un rostro más diverso, justo e inclusivo.
Referencias: